quinta-feira, 18 de agosto de 2016

CUANDO EL RÍO SUENA

Kenya, Brasil, Jamaica, Cuba y Co­lombia forman un quinteto con la osadía de estar entre los primeros 25 del tablero de premiaciones
El brasileño Thiago Braz da Silva, sorpresivo ganador de la pértiga, confirma que por lo general las sedes tienen ases bajo la manga. Foto: Getty Images
RÍO DE JANEIRO.—Nadie descubriría el agua tibia si afirma que los Juegos Olímpicos se parecen al mundo. Esta es la fiesta de los grandes, y los pequeños casi son convidados de piedra. Bastaría solo con echarle un vistazo al medallero para darnos cuenta.
Nótese que, como en convocatorias anteriores, los diez primeros de la lista de preseas de esta trigésima primera cita bajo los cinco aros, a falta de cuatro jornadas, se parece más a una reunión del Grupo de los 8 que a una competición deportiva. Si los jefes de Estado de cada uno de esos países se dan una vuel­ta por aquí pueden hacer su junta sin problemas, solo le estaría faltando Canadá, que anda por el puesto 17.
Y si no se asemeja más a ese bloque es porque los criterios del Fondo Monetario Internacional (FMI), como le ha pasado a algunos de los favoritos en las lides competitivas en esta ciudad, se estrellan contra su propia fuerza, y no consideran a China, la segunda economía del mundo, como una nación industrializada. Problemas de ellos, diríamos nosotros los cubanos, pe­ro el gigante asiático donde sí no falta es en el techo del medallero y hasta hoy va tercero.
Pero si se diera un premio a los más “atrevidos” frente a tanto poderío, cinco pabellones serían aquí los reconocidos, y claro, el FMI no lo entregaría, más bien lo censuraría. Kenya, Brasil, Jamaica, Cuba y Co­lombia forman un quinteto con la osadía de estar entre los primeros 25 del tablero de premiaciones. Los africanos con su armada en el fondo y medio fondo del atletismo; los ja­maicanos con las turbinas de sus velocistas; los cubanos con la fuerza de sus deportes de combate; los co­lombianos con su Catherine Ibar­güen a la cabeza, y los anfitriones no solo con la ventaja de la sede, sino también con la potencia de un desarrollo deportivo que abarca varias expresiones, han desafiado el poder.
Ojo, la cosecha de los cinco no se ha detenido, es más, debe crecer, porque aún no termina el fondo, la velocidad y los saltos en el campo y pista; ni las lides de combate, o el ci­clismo de montaña, donde la co­lom­biana Mariana Pajón es un íco­no a lo Usain Bolt o Michael Phelps, no por gusto es la titular olímpica defensora y la número uno de la Unión Ciclística Inter­nacional (UCI) en la modalidad.
Ponderar un puesto 25, casi ya al final del programa competitivo de los Juegos, no es un consuelo. Solo un dato avalaría su valía e ilustraría en buen cubano cómo se ha puesto el mambo para colgarse un lauro en el medio del pecho. De los 206 Comités Olímpicos Nacionales que inscribieron atletas, solo 16, hasta hoy, han alcanzado diez o más me­dallas de cualquier color.
Y de esos cinco, ya Brasil y Cuba (tiene asegurada dos bronces y una plata más en el boxeo, que no aparecen porque siguen optando por más) rebasaron esa cifra; estoy se­guro que Kenya, pendiente del ma­ratón varonil y de los 5 000 también de hombres, superará el dígito; al igual que los jamaicanos con más aportes de sus “rápidos y furiosos” atletas.
Y aunque a los colombianos se les hará difícil, no duden que se acercarán muchísimo. Eso sin contar que van a ascender en el medallero, pues ¿quién pudiera vencer a Ma­riana?
El que aparentemente ha sido menos exigente es el casillero dorado, en el cual ya tienen presencia 54 nacionalidades. Pero más de una corona, solo las poseen hasta ahora 32 banderas, y cinco son de las que ya les dimos el premio al atrevimiento. ¿Más de tres? Eso, casi es un lujo que 19 han podido disfrutar.

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