quinta-feira, 4 de agosto de 2016

JUEGOS OLÍMPICOS

Por el bien de la humanidad


El primer encuentro con ese ambiente eufórico de los Juegos Olímpicos acontece en el aeropuerto

El Cristo Redentor, uno de los símbolos de la ciudad.Foto: loucoporviagens.com
RIO DE JANEIRO.—La fina lluvia allá en las alturas, confabulada con el viento, teje un manto de frialdad muy diferente a lo que ocurre cientos de metros abajo, donde esa sensación de humedad se desvanece.
Llegar de madrugada a cualquier ciudad del mundo es encontrar las luces multicolores espantando la penumbra de sus callesmatizadas por el silencio cómplice. Los pobladores aun no despiertan para enrumbar sus vidas en el diario quehacer.
Esa es la realidad más conocida y repetida en cualquier confín de la tierra. Sin embargo, no es la de Río de Janeiro, que ha trocado la noche en día para recibir de manera continua a los miles de viajeros de múltiples lugares, quienes confluyen hoy en estacapital del deporte mundial.
Y el primer encuentro con ese ambiente eufórico de los Juegos Olímpicos acontece en el aeropuerto, donde aun cuando los aviones no dan tregua, los organizadores del evento han montado un operativo que resuelve en menos de 30 minutos los trámites de acreditación de los recién llegados.
Los Voluntarios, personal imprescindible en estas gigantescas competencias, son ahora la cara visible del país. Derrochan bondad al ilustrar al viajero en disímiles idiomas y contribuyen a satisfacerle con celeridad los trámites iniciales para que de inmediato sienta el aire de celebración que ya se vive en Río.
Las calles lucen pancartas y temas alegóricos a los Juegos. Y aunque no han faltado las amenazas de elementos interesados en enturbiar el ambiente, las medidas de seguridad establecidas con la contribución de unos 85 000 uniformados, crean la confianza de que el pueblo brasileño, excelente anfitrión, tendrá su fiesta.
Tras la apertura de este viernes, sobrevendrán las emociones, se fundirá la competencia con la samba, la alegría y el disfrute de locales y foráneos. Los Juegos Olímpicos son el paréntesis que da paso a la vida, cuando en diversas latitudes rugen los cañones y maltrata la guerra.
Como su Cristo Redentor, con los brazos abiertos, Río recibe a los miles de visitantes en el espíritu de que compitan en buena lid, por un deporte libre de dopaje, por el bien de la humanidad, que tanto lo necesita.

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