quinta-feira, 11 de agosto de 2016

La leyenda de Phelps y la TV cubana en Río

Es un privilegio para un profesional de la prensa deportiva que lo sitúen en la co­bertura del máximo evento atlético mundial, los Juegos Olímpicos
Michael Phelps permanece sediento de éxitos a sus 31 años. Foto: Getty Images
RÍO DE JANEIRO.—Es un privilegio para un profesional de la prensa deportiva que lo sitúen en la co­bertura del máximo evento atlético mundial, los Juegos Olímpicos. Y aquí sen­timos ese sano orgullo. Sin em­bargo, me decía mi compañero de mil batallas de coberturas periodísticas, Ricardo López Hevia, que se estaba perdiendo los Juegos.
Y no le falta razón al fotorreportero. No podemos tener el don de la ubicuidad, de estar en varios sitios a la misma vez, pero luego al terminar la jornada, tampoco contamos con la posibilidad de una televisora me­diante la cual ver lo que pasa o lo que ha pasado en cada jornada, a menos que paguemos una señal.
Una visita al Centro Interna­cional de Transmisiones (IBC, por sus siglas en inglés) aquí, nos puso delante de Danilo Sirio, presidente del ICRT, quien nos aseguró que Tele Rebelde estaba transmitiendo 24 horas diarias junto al HD1. “Además, de ma­nera experimental, porque no todos cuentan con el equipo requerido para esto, pasamos de 12 a 14 horas por el HD2”. Sirio agregó que las transmisiones del boxeo son realizadas íntegramente por Cuba.
Expresó que está seguro de que nuestro país es uno donde más se están viendo los Juegos y lo hace sin abonar nada. “El pueblo disfruta de cada competencia mediante televisión abierta”. Afirmó que “se ha se­guido y se seguirá a cada deportista cubano amén de sus resultados o po­sibilidades, aunque también se ofrece lo más destacado del programa competitivo y resúmenes diarios”. Es así, argumentó, que hemos podido en­trar a cada hogar con ha­zañas co­mo las del nadador Mi­chael Phelps.
Por cierto, si esa leyenda olímpica de la natación, el súper héroe de las citas bajo los cinco aros desde que comenzaron en Atenas 1896, el hombre de quien se dice desciende del delfín, fuera un país, esa nación se ubicaría en el lugar 39 de 206, en el medallero histórico de estas justas multideportivas.
Aquí ya ha sacado de la piscina del estadio acuático tres medallas de oro, con lo cual sus alforjas se llenan con 25 preseas, de ellas 21 de oro. Pero se imaginan qué hubiera sido de los Juegos Olím­picos sin él.

Reseña ESPN que el tritón de Baltimore, en septiembre del 2014 llegó a pensar en el suicidio. Con­su­mo de drogas, sumido en el alcohol, detenciones por conducir en estado de embriaguez, amenazaron con acabar con su existencia. “Yo era un tren fuera de control, una bomba de tiempo a punto de estallar. Tal vez el mundo sería mejor sin mí”, dijo. Por suerte, su amigo Ray Lewis, estrella del fútbol americano, y un libro, Una vida con propósito, del pastor Rick Warren, y la clínica de rehabilitación Meadows, lo pu­sieron en el camino de Río de Ja­neiro.
De historias así están hechos los atletas olímpicos, porque no son dioses, son de carne y hueso. Jus­ta­mente esa cualidad que los hace mortales, son las que ponen el termómetro de las emociones a punto de estallar en las instalaciones de los XXXI Juegos Olímpicos.
Otra historia que ensombrece los Juegos fue la que vivieron varios periodistas la noche del martes, cuando el ómnibus que los trasladaba del rugby al centro de prensa cayó en medio de un tiroteo (hay fuentes que dicen que fueron pedradas) al cruzar por las inmediaciones de la favela Ciudad de Dios, donde nació la hasta ahora única campeona brasileña aquí, la judoca Rafaela Silva. Solo hubo un herido.

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