quarta-feira, 8 de fevereiro de 2017

SERIE DEL CARIBE

Cuba ha inspirado respeto

Los Alazanes de Granma supieron ganarse el respeto de la afición local, los rivales y la prensa internacional
Foto: Ricardo López Hevia
CULIACÁN, Sinaloa.—Cuando cayó el último out del partido semifinal entre Cuba y México, estaba justo detrás del plato. Dadas las estrictas medidas de seguridad que impedían acercarse a los peloteros, me había alejado de la zona de los reporteros en lo profundo de la banda izquierda para lograr un acceso inmediato a los pupilos de Carlos Martí.
Durante esos minutos previos al final del pleito conversé con varios agentes de seguridad que esperaban para entrar al terreno, quienes me confesaron su admiración por los Alazanes de Granma, un equipo que supo ganarse el respeto de la afición local, los rivales y la prensa internacional.
Las 20 000 almas que llenaron las tribunas del Nuevo Estadio de Tomateros no explotaron como esperaba cuando cayó ese último out de Alexander Ayala. Hubo ruido, y celebración, como es lógico, pero no un estruendo incontenible, tal vez porque muchos no deseaban tampoco que Cuba perdiera.
«Con cuatro equipos no es lo mismo, hubo un momento en que fue aburrido. Cuba ha llegado para darle un nuevo aire a la Serie y cada vez son más peligrosos», siguió comentando el hombre, vestido completamente de negro.
Y esa idea me hizo reflexionar, porque verdaderamente los Alazanes dieron muestras de que Cuba se ha superado desde su regreso a estas lides en el 2014. Aunque muchos ahora le colgarán el cartel de cuarto lugar (completamente intrascendente), ellos lograron el de­sempeño más sólido de un equipo antillano desde el I Clásico Mundial hace una década.
Sin tantos refuerzos como las novenas de Pinar del Río o Ciego de Ávila en las dos ediciones previas, la nave de las cuatro letras jugó pelota con seguridad y relajación, virtudes no muy frecuentes en equipos nacionales, según la apreciación de ellos mismos, y el pitcheo en particular se robó los cintillos con una actuación sublime (cuatro partidos permitiendo una carrera o menos).
Individualmente Lázaro Blanco ofreció una prueba de superación y devolvió la esperanza a toda una nación, porque no contábamos con un as en toda su medida (repertorio, velocidad, control y determinación) desde Norge Luis Vera, Pedro Luis Lazo, y Adiel Palma.
Un colega nos recordaba que el derecho granmense consiguió efectividad de 8.77 con 11 derrotas en la Serie 48, y luego transformó su ángulo de salida para provocar contactos débiles y una gran cantidad de roletazos, detalles que ahora lo colocan como el primer pitcher de Cuba.
«Es un equipo joven, versátil, que ha mostrado mucha calidad. Sus lanzadores están aptos para ganar un campeonato, sobre todo por Lázaro Blanco, que ha tenido un temporada de ensueño. Mis respetos y felicitación para ese equipo». Esas fueron las palabras del manager mexicano Roberto Vizcarra, resumen del sentir de la afición azteca, rendida con los cubanos, ovacionándolos en pie tras terminarse la semifinal.
¿Faltaron cosas? Por supuesto. El bajo nivel de la gran mayoría de los lanzadores en la Serie Nacional atenta contra el desarrollo de los bateadores, que cuando se enfrentan al pitcheo en torneos foráneos pagan las consecuencias.
No hay en Cuba una curva que se asemeje a la de Miguel Pena y Héctor Daniel Rodríguez, los verdugos de la semifinal, quienes explotaron sus rompientes contra el suelo para sacar de balance a toda una artillería, atada de pies y manos en toda la ruta.
Además, para mi gusto, Carlos Martí fue un tanto conservador a la hora de manejar las alineaciones. Se apegó en exceso a ideas tradicionales como la del zurdo contra zurdo, o la de no cambiar un lineup ganador, aun cuando se notaba que faltaba eficiencia de algunos hombres en turnos de vital importancia.
De cualquier forma, Cuba demostró que puede batirse sin miramientos con la pelota profesional caribeña, pequeño universo donde ya es mucho más respetada y valorada que hace unos años.

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