segunda-feira, 1 de agosto de 2016

¿Bola escondida?

El pasado viernes se celebró el con­gresillo téc­nico de la 56 Serie Na­cional de Béisbol y solo en la TV pudo reflejarse algo. El resto de la prensa ni se enteró que se produjo la reunión más importante del torneo más seguido en Cuba
Foto: Ricardo López Hevia
Siempre he dicho que la diferencia de nuestro béisbol con el de las en­cumbradas ligas profesionales, por ejemplo la Major League Ba­se­ball (MLB) o la Nippon Professional Baseball Organization (NPB), no pa­sa ni por la calidad de nuestros peloteros ni por la de los preparadores. La distancia está en la manera en que lo construimos o en la forma de hacerlo.
Claro que la pelota ya está inventada. Se trata de los procederes para llevar lo que es un signo irrebatible de la identidad nacional al concepto de espectáculo y no el de fanfarrias o simples lentejuelas comerciales, si­no ese que cala en la afición que es la principal destinataria del movimiento deportivo.
Para que eso ocurra es vital la co­municación; ella es imprescindible pa­ra cualquier proceso que pretenda desarrollarse. Pues bien, el pasado viernes se celebró el con­gresillo téc­nico de la 56 Serie Na­cional de Béisbol y solo en la TV pudo reflejarse algo. El resto de la prensa ni se enteró que se produjo la reunión más importante del torneo más seguido en Cuba.
A Antonio Díaz Susavilla, quien siempre le avisa a los medios, aunque es periodista también, le preguntamos ¿Qué pasó? Dijo que “sí había pasado la información”, pero lo cierto es que a nadie le llegó, al menos de los medios impresos. Tampoco hubo una llamada para convocar. Ya anteriormente, cuando se dio a conocer el equipo que jugó 19 encuentros en la Liga Can-Am, se citó el mismo día en que se daría el elenco. La asistencia también fue baja.
Sé que no es la práctica del mo­vimiento deportivo cubano, no­sotros mismos tenemos un ejemplo bien cercano. Le pedimos una entrevista al presidente del Inder, a horas de salir para Río de Janeiro, y en lo que tarda un pestañazo la obtuvimos.
Sin embargo, si algo no se puede “secretizar,” esconder o lo que es peor, minimizar es la pelota, porque estaríamos sepultando a nuestra propia cultura. Cuando los directivos, peloteros y entrenadores, están en los me­dios, ellos que son ídolos se están comunicando con el pueblo, con la afición.
Cuando eso pasa, la pelota entra en la casa, en la vida de la gente y de allí no debemos sacarla, para que por vacíos como este u otros, entren otras preferencias. Esa responsabilidad la tenemos todos, pero sobre todo quienes dirigen lo que más les gusta a los cubanos.

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