segunda-feira, 8 de agosto de 2016

CUBANOS EN EL ATLETISMO OLÍMPICO

Los más grandes velocistas


Desde Londres 1948 hasta Melbourne 1956 acudieron bólidos victoriosos en citas regionales y continentales de la época. Imposible obviar a Rafael Fortún, cuatro veces en semifinales




Dos subcampeones olímpicos en la velocidad pura, Enrique Figuerola y Silvio Leonard, más el Juantorena del doblón magistral. Foto: Archivo y Getty Images
A las puertas del atletismo de los Juegos Olímpicos Río 2016, vale recordar que el análisis por áreas no señala colectivamente a saltadores o lanzadores como los más brillantes del sector varonil cubano, pues la distinción histórica corresponde a la velocidad.
Jamaica ni soñaba tener velocistas y ya Cuba exhibía campeones en los I Juegos zonales de 1926 y para los Olímpicos de Amsterdam 1928 se estrenó José Barrientos, el Relámpago Caribe, y avanzó hasta la segunda ronda.
Desde Londres 1948 hasta Melbourne 1956 acudieron bólidos victoriosos en citas regionales y continentales de la época. No hubo finalistas, pero imposible obviar a Rafael Fortún, cuatro veces en semifinales (tercera ronda) de 100 y 200 metros, tanto en Londres como en Helsinki 1952.
En la capital finesa, Fortún, campeón panamericano en Buenos Aires 1951, arañó ambas finales, con destacados séptimos lugares, o sea el mejor entre los eliminados cuando las pistas tenían solo seis carriles y avanzaban tres por cada semifinal.
Enrique Figuerola fue el primer finalista, cuarto en Roma 1960, plateado en Tokio 1964 detrás del portentoso Bob Hayes; noveno en México 1968, donde se plateó de nuevo con el relevo. Honor para el elegido merecidamente como el Deportista cubano de los años 60.
También el homenaje al fallecido Pablo Montes, clave en la cuarteta con su sólido tramo de la última curva. Entregó el batón a Figuerola primero que nadie. Fue el cubano más estelar en el hectómetro individual. Cuarto (10.14) frente a los medallistas Jim Hines (USA-9.95), Lennox Miller (JAM-10.04) y Charles Greene (USA-10.07).
Después llegó la época del talentoso Silvio Leonard, omnipresente por la vigencia de su 9.98 record nacional, que cumple años los 11 de agosto y serán cuarenta el venidero 2017. Único cubano en menos de 10 segundos y hasta el pasado 2015 rey también con el 20.06 de los 200 reducido a 20.02 por Roberto Skyers en Toronto. Y ojalá lo continúe sometiendo en Río 2016.
Brillante en citas regionales, continentales y las Copas Mundiales de 1977 y 1979, Silvio fue menos afortunado en Juegos Olímpicos. En Montreal, días antes de correr salió herido en un pie por una pelea de terceros. Pese al esfuerzo propio y médico ocho puntos de sutura fueron demasiado para llegar a la final. Por cierto, triunfaron sus víctimas del año anterior en los Panamericanos de México 1975. Para Moscú 1980 los preparativos fueron magníficos, pero no estuvo en talla. Un ligero parpadeo sobre la meta propició colarse en el oro al británico Allan Wells, igualados en 10.25. Luego ancló cuarto en el doble hectómetro (20.30) en lucha con Pietro Mennea (ITA-20.19), Wells (20.21) y Donald Quarrie (JAM-20.29).
Más acá, muy aislados logros individuales. El sexto lugar de Iván García en los 200 metros de Atlanta 1996 y el quinto del cuatrocentista Roberto Hernández en Barcelona 1992. Toca ahora ponderar —al cumplirse cuatro décadas de su hazaña—, al más efectivo de nuestros velocistas en Juegos Olímpicos, el gran Alberto Juantorena.
LA GRANDEZA DE JUANTORENA
Cada cual puede denominar a los Juegos de Montreal como le plazca; que si de este atleta, que si de este otro deportista. Para mí, fueron los Juegos de Juantorena, el Caballo incansable, el Elegante de las pistas. También lo reconoció el mundo del atletismo. Salió elegido Atleta del Año, y más allá.
Me parece irrebatible la trascendencia universal cuantitativa y cualitativa del atletismo como deporte. Además, examina de manera exigente y científica. Mediante implacable cronometraje electrónico automático llevado hasta las milésimas. Y ultramoderno sistema milimétrico de medición para las pruebas de campo.
La proeza de Juantorena en 1976 parece de otra galaxia cuarenta años después. Ni siquiera alguien ha concebido intentarla, no obstante la vertiginosidad del progreso deportivo y la evolución tecnológica acelerada que prácticamente sepulta otras hazañas de entonces.
No fue cualquier doble triunfo. En los 800 batió el récord mundial para hacer morder el polvo de la derrota al gran favorito estadounidense Rick Wohlhuter, finalmente bronceado por el repunte del portento belga Ivo Van Damme. En la vuelta al óvalo cronometró la mejor marca mundial a nivel del mar para doblegar a los hasta entonces imbatibles cuatrocentistas del mismo país.
Era una máquina de devorar kilómetros a grandes zancadas. Después de siete carreras —tres en 800 y cuatro en 400—, o sea cuatro kilómetros a velocidad máxima, entre los días 23 y 29 de julio, tuvo parejamente ánimo y energía para mantener el trepidante accionar con sus compañeros del relevo 4x400. Les colaboró el día 30 para llegar a finales. Y el 31 para alcanzar un séptimo puesto.
Cuarto en los 400 metros de Moscú, tras una etapa física inestable, los cinco puntos de esa posición sumados a los 18 de Montreal (8+8+2) le conceden el liderato de más puntos aportados (23) al atletismo cubano en Juegos Olímpicos.
Terminó en 400 y comenzó en 400 en Munich 1972, cuando llegó a semifinales. Siempre que pudo corrió el relevo. Inolvidable aquel de los Centroamericanos de La Habana 1982 cuando descontó enorme ventaja para llegar victorioso ante una multitud delirante en el estadio Pedro Marrero.
Por eso se clasifica como velocista, aunque haya incursionado con repercusión de dos récords mundiales (1:43.50 y 1:43.44) y palmas frente a los colosos de la época en el ambiente mediofondista de los 800. No se puede separar lo que ejemplifica y argumenta su grandeza deportiva
Es el único bicampeón cubano del atletismo en una misma cita olímpica. El único en cualquier deporte después del triunfo de la Revolución de 1959. Y el segundo de todos los tiempos detrás del mítico esgrimista José Ramón Fonst.
LOS RELEVOS TAMBIÉN BRILLAN
Aquella primera etapa de poderío universal de los relevos cubanos abarcó desde el subtítulo mexicano con record de 38.40 —pasando por el noveno lugar de Munich 1972—, hasta el quinto de Montreal. Sobresalió la permanencia de Hermes Ramírez, animador en los tres.
Un segundo ciclo se abrió en Barcelona con el sonado bronce y record de 38.00 a cargo del pimentoso Andrés Simón, Joel Isasi, Joel Lamela y Jorge L. Aguilera. Metal para la historia. Creo que inesperado hasta para quienes lo forjaron en los entrenamientos. Porque ninguno era por si solo lo que se dice estrella.
Los tres primeros junto a Luis A. Pérez Rionda (Iván García ayudó en semis), mantuvieron figuración de sextos en Atlanta. En Sydney volvió la apoteosis. Y la evidencia de que en relevo corto vale tanto el ajuste y la técnica del cambio como la velocidad de los integrantes.
Tampoco fueron grandes bólidos Freddy Mayola, Iván García, José A. César y Luis A. Pérez Rionda, pero juntos cronometraron 38.16 en semifinales y 38.04 a la hora buena. Unidos saborearon la gloria olímpica y Cuba subió con ellos al podio para recibir un nuevo metal bronceado.
Los jóvenes corredores cubanos presentes en Río no deben conformarse con el éxito primario de regresar a los Juegos. De la compenetración y seguridad colectiva en sus posibilidades dependerá que puedan ir más lejos e iniciar la tercera etapa de lujo de los relevos cubanos.
En cuanto al 4x400, la hombrada de Juantorena en 1976, junto a Carlos Álvarez, el vallista Dámaso Alfonso y Eddy Gutiérrez, pasó en 1992 a segundo plano, con la espectacular demostración plateada de Héctor Herrera, Lázaro Martínez, Norberto Téllez y Roberto Hernández, récord cubano de 2:59.13 en semifinales y 2:59.51 en la final barcelonesa.
Tres de los muchachos de Cuba en Río (Collazo, Chacón y Lescay) estuvieron en el 2:59.80 del año pasado en Beijing que los llevó a la final mundialista. Y antes en el 3:00.61 de quinto lugar en el Mundial de Relevos de 2014.
Verdad que lideraba Raidel Acea y ya no está, pero Lescay tomó el mando y el sustituto Osmaidel Pellicier ha progresado. En mayo, en la misma pista olímpica carioca utilizada para el Campeonato Iberoamericano, se probaron con sólido 3.00.92 pese a la descalificación por un cambio fuera de zona.
Ahora que deben estar a punto pueden demostrarlo derribando los 3 minutos, aunque en Londres solo hizo falta 3:00.55 para avanzar y bien lo sabe Collazo, único veterano de aquella experiencia finalista malograda en plena batalla por la lesión de Noel Ruiz. De lo contrario serán solo semifinalistas, que ya son por participar solo 16 equipos.
Resta la velocidad sobre vallas, cuya propia y rica historia en Juegos Olímpicos bien vale un posterior y último recuento sobre el atletismo cubano en Juegos Olímpicos.

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